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Ahí me tenéis, con mi cámara preferida por el zoom óptico de 7 aumentos y su resolución de 5,3 megapixels. Y ahí estoy, rodeado de piedras que dejaron de hablar hace tiempo porque ya nadie las escucha. Estoy en las ruinas del monasterio de Santa María de Rioseco, en el valle de Manzanedo (Burgos).
P.D. La “tripita” es natural… Mis buenos dineros me cuesta mantenerla.
Alberto.
Noviembre 11, 2007 en 8:51 am
Las piedras no hablan porque están asustadas de tu cámara, Alberto! (las antigüedades nos asustamos con la tecnología, ellas esperan un lienzo y un pincel)

Escóndela y verás cómo vuelven a hablar!
Aunque esta antigüedad en particular no les teme a las cámaras fotográficas, al contrario, disfrutaría de comprenderlas mejor y poder usarlas. Son de las pocas máquinas que considero amigables.
P.D.: la tripita te va bien!
Noviembre 11, 2007 en 11:01 am
Jejeje… ¡serás bicho!